Esta mañana el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha acudido a Los desayunos de TVE. Como era de esperar, y a pesar de la insistencia de la presentadora Ana Pastor, Rubalcaba ha evitado culaquier crítica a la monarquía y a la figura del rey Juan Carlos.
La actitud de Rubalcaba no puede ser más cobarde, se ampara en la lealtad institucional para no criticar lo indefendible para la mayor parte de la sociedad española. Parece que el ex vicepresidente del Gobierno no se ha enterado de que en democracia los partidos políticos tienen la obligación de dar su opinión a los ciudadanos, no a los monarcas.
La falta de transparencia de Rubalcaba no hace más que empeorar la imagen del PSOE, que ya está bastante deteriorada. Es humillante ver cuál es la alternativa política mayoritaria al Partido Popular en este país.
El silencio del PP es comprensible y no sorprende en absoluto, pues es su política habitual de ocultación de información a la ciudadanía, y con la monarquía no iban a actuar de forma diferente, por algo son la formación política heredera del aparato franquista.
Tomás Gómez y Patxi López han sido los únicos miembros destacados del PSOE que se han atrevido a criticar el comportamiento repugnante del monarca. Pero claro, ni por asomo han llegado a denunciar la injusticia histórica que supone la supervivencia de una institución tan corrupta como la monarquía.
El PSOE ha aceptado una monarquía directamente heredera del franquismo como una institución perpetua para España. Con esta forma de actuar, es cada vez más evidente que el PSOE dejó de ser un partido de izquierdas hace mucho tiempo. Es simplemente un partido conservador corrompido por el poder y aferrado al statu quo y a sus instituciones, por muy denigrantes que sean para el pueblo español.
Por el bien de todos, el PSOE debería dejar paso a una fuerza política progresista que represente realmente a la izquierda de este país.
El programa de televisión Salvados, de LaSexta, emitió ayer una entrevista al conseller de Interior de la Generalitat de Cataluña, Felip Puig. Aunque al principio intentó hacerse el simpático, no tardó en mostrar su verdadera cara.
En primer lugar, las declaraciones de Puig nos muestran el valor de su palabra y del respeto a la justicia del que tanto presume. Además, los datos que aporta Jordi Évole sobre el juicio a los excesos policiales y los indultos políticos son un ejemplo de la inexistente independencia efectiva del judicial en nuestro país.
En el video, Puig se vuelve a mostrar orgulloso de las cargas de los Mossos d’Esquadra contra los indignados y cualquiera que pasara por allí que tuvieron lugar en la Plaza de Cataluña de Barcelona, el 27 de mayo del pasado año. La culpa es de ellos, por estar en ”un momento inadecuado” en el sitio equivocado. Toda una muestra de la hipocresía y el cinismo de nuestra clase política.
No hay duda de que una parte importante de nuestros gobernantes no ve la violencia contra la ciudadanía como algo malo; por ello no dudan en utilizar el miedo al desorden y a la crisis económica para institucionalizar la represión policial. No hay más que ver las intenciones de criminalizar cualquier protesta ciudadana del PP y del propio Puig, partidario de endurecer el Código Penal “para que haya más miedo al sistema”.
Cuando un sistema necesita del miedo para mantenerse, es que algo falla…
Un país en crisis. Más de cinco millones de parados. Largas colas en los comedores sociales. Recortes en los servicios básicos. El rey Juan Carlos, después de declarar que le quita el sueño el desempleo de los españoles, se va de cacería a Botsuana y se rompe la cadera. Todo esto el 14 de abril, 81 años después de la proclamación de la II República.
El módico precio que cuesta una licencia de caza de un elefante en el país africano es de 37.000 euros, de 36.000 euros la de un león y de 23.000 euros la de un búfalo. Nada que una sociedad sin valores no pueda soportar. Además, a este paso dentro de nada será más caro coger el metro.
Por supuesto, el debate en torno a la decencia de la monarquía como forma de Estado, a pesar de haber sido instaurada por un dictador que acabó con uno de los regímenes democráticos más avanzados de su época, no se ve en los medios de comunicación convencionales.
Los informativos se limitan a dar detalles de la operación de Juan Carlos y de su estado de salud, sin criticar ni por asomo su conducta deplorable. Del PP y del PSOE, partido en teoría republicano, tampoco se puede esperar nada. Las críticas a la monarquía sólo tienen cabida en Internet, donde se atisba una verdadera libertad de expresión.
El lunes en las tertulias políticas oiremos las típicas opiniones que se escuchan en la televisión y en la radio sobre la Corona:” ¡Qué campechano que es el rey!”, “la monarquía cuesta menos en España que en otros países”, “el rey ha hecho mucho por la democracia”… En fin, continuará la manipulación mediática financiada por los grandes grupos económicos gracias a unos “periodistillas” que en lugar de representar los intereses de la ciudadanía, sólo son protavoces de las altas esferas corruptas del sistema.
La teoría política dice que los sistemas democráticos, gracias a la competencia entre distintos partidos políticos y a la labor crítica de los medios de comunicación, deben asegurar que los mejores lleguen a gobernar, lo que se traduce en el bien común. Qué alejada está la realidad…Veamos varios ejemplos de nuestros gobernantes.
En tiempos de campaña electoral, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se vendía a él y a su partido como los salvadores de España. El PP era el único capaz de sacarnos de la crisis, los ocho años de Gobierno de Aznar lo avalaban. Total, qué más da quién provocara la burbuja inmobiliaria.
Eso sí, Rajoy no desveló en ningún momento medidas concretas para mejorar la economía, su plan era sencillamente “hacer las cosas como dios manda”. Ya en el Gobierno, el señor Rajoy ha mostrado de qué pasta está hecho. El siguiente vídeo es un ejemplo de su liderazgo, de cómo explica a los ciudadanos los recortes que hacen que los más desfavorecidos paguen la crisis económica provocada por las altas esferas políticas y económicas.
La escena no puede ser más ridícula. En cuanto Rajoy ve a los periodistas sale huyendo para no dar explicaciones de su gestión. Qué mejor forma de infundir confianza en la población.
Si de algo se ha caracterizado Aguirre durante los últimos tiempos es de presumir de bajar impuestos a los madrileños. Así, en vez de pedir un esfuerzo a los grandes ingresos, su fórmula para huir del déficit es subir los servicios básicos de los usuarios del transporte público, que suelen ser trabajadores, desempleados y estudiantes.
¿Nos merecemos esta clase política?¿Acaso alguien que miente o que no da la cara ante los ciudadanos es digno de seguir ostentando un cargo público?
Esta claro que no debería de ser así. El sistema democrático español está plagado de irregularidades y carece de mecanismos capaces de destituir de forma inmediata a aquellos gobernantes que no cumplan con su labor de servicio público. Es una democracia rígida, con un nivel de participación ciudadana lamentable.
¿Cómo es posible que el electorado respalde a estos políticos en las elecciones?
En la práctica, en las democracias capitalistas, la libertad de expresión está subordinada a los medios de producción, lo que se traduce en que sólo las empresas informativas con más recursos económicos puede conseguir que sus mensajes lleguen en masa a la sociedad. La consecuencia es un entorno informativo dominado por la derecha, lo que condiciona los temas que están en la agenda pública y, por tanto, distorsiona gravemente la libertad de pensamiento efectiva en la sociedad.
En España hay un duopolio informativo protagonizado por el PP y el PSOE, lo que dificulta la irrupción en el debate de la sociedad civil de otras alternativas políticas ajenas a los grandes grupos de poder económico, impidiendo la existencia real de una democracia de calidad. Esto explica el hecho de que los políticos de estos partidos, prácticamente hagan lo que hagan, sigan ocupando los puestos de poder.
El PP añora un pasado teñido de grises en el que la imposición del orden era la regla básica de la sociedad. Por ello no dudan en utilizar la coacción física y penitenciaria institucional para infundir el miedo en la población. Rajoy no quiere más protestas sociales que le hagan seguir perdiendo apoyo en los sondeos.
Además de la persecución mediática y la campaña de desprestigio contra cualquier manifestante que viene haciendo la derecha de este país desde los inicios del movimiento 15M, ahora amenazan con meter en la cárcel a cualquiera que luche por sus derechos.
El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, pretende equiparar como delito de atentado contra la autoridad la resistencia activa y ¡pasiva!, y como delito de integración en organización criminal la difusión a través de Internet o las redes sociales de concentraciones que deriven en actos violentos, con una pena mínima de prisión de dos años.
En la práctica, la reforma que pretende llevar a cabo el PP supondrá la eliminación de derechos fundamentales de la ciudadanía como la libertad de expresión o de reunión. También será la legalización y la confirmación del apoyo institucional para la brutalidad policial indiscriminada.
Los hechos no hacen más que confirmar que el sistema democrático español no es más que la expresión de dominación de los poderes económicos, políticos y mediáticos sobre los intereses de la sociedad en general y de los más desfavorecidos en particular. Sólo hay que observar quién paga los platos rotos de la crisis y quién se va de rositas. Desgraciadamente el monopolio de la violencia está en manos equivocadas.
“Unos presupuestos extraordinarios para una situación extraordinaria”. Es la famosa frase que utiliza el Gobierno para justificar las cuentas para el 2012. Nunca viene mal el miedo para engañar a la gente.
Y es que el déficit del Estado, la crisis económica, el desempleo… todo sirve de excusa para adoptar medidas inmorales que, aunque en teoría son por el bien de todos, siempre favorecen a los mismos, que no son los más pobres precisamente.
La última pieza del puzzle son los Presupuestos Generales del Estado, que por fin el Gobierno se ha decidido a presentar. El resumen de los mismos es: recorte, recorte y más recortes.
En las cuentas de los gurús económicos del Partido Popular el gasto social cae un 4,3%. Las partidas destinadas a sanidad descienden un 6,8% y las de las políticas activas de empleo disminuyen un 21,3%.
También la enseñanza es un gasto superfluo para el PP. Así, mientras que el gasto en Defensa cae un 8,8%, el Ministerio de Educación contará este año con un 21,9% menos de presupuesto, y las becas y ayudas para estudiantes caen un 11,6%. Luego los llamarán delincuentes si se manifiestan.
En total, el ajuste medio de los ministerios es del 16,9%. Sin embargo, el gasto destinado a la Casa Real, institución vital para la economía española, desciende tan sólo un 2%. Vergonzoso.
La conclusión es que una vez más pagan la crisis las clases más desfavorecidas de la sociedad. Parece ser que para el Gobierno la sociedad, cuanto más injusta y desigual, mejor.
Ahora resulta que el bribón de Juan Carlos se desvive por el bienestar de los españoles, pero no le quita el sueño cobrar 292.752 euros anualesel solito, que por no hacer nada y ostentar un cargo público sin ninguna legitimidad para hacerlo no está nada mal.
Entonces el rey podía dormir a pesar de los millones de españoles asesinados, desaparecidos y detenidos por la dictadura a la que tanto apoyó.
En definitiva, Juan Carlos no es más que un hombre sin escrúpulos, capaz de cualquier maniobra para mantener su posición de poder económico y su situación de usurpación de la jefatura del Estado.
Juan Carlos no tiene ningún derecho a representar a los españoles, a pesar de que los medios de comunicación nos intenten vender que es una gran demócrata que devolvió la soberanía a los españoles. La única realidad es que la monarquía no es más que la prolongación del franquismo en la historia de nuestro país.
El pueblo español habrá recuperado su soberanía cuando sea libre de decidir quien ocupa la jefatura del Estado. Hasta entonces sólo habrá una pseudodemocracia que no es más que una farsa.
Tal y como estaba previsto, hoy ha sido el día del linchamiento mediático hacia todo el que se ha atrevido a salir a la calle a protestar contra la reforma laboral del Gobierno. Esta vez la excusa han sido los atentados del 11 de marzo de 2004, aquellos que el Ejecutivo de entonces atribuyó a ETA, algo que todavía hoy se sigue haciendo desde la ultraderecha española.
Pues bien, resulta que según el PP, sus medios afines y la AVT (que como de costumbre reproduce el discurso de la derecha) los sindicatos son unos impresentables por convocar una protesta ciudadana el día del octavo aniversario de los atentados, que insultan a las víctimas, que no respetan una jornada de memoria, etc.
En resumén, con tal de desprestigiar a todo aquel que no acepte las medidas impuestas por el Gobierno, ni los políticos populares ni los periodistas sectarios se cortan en utilizar a las víctimas del peor atentado de la historia de España para sus fines, tal como llevan haciendo con las víctimas de ETA desde hace mucho tiempo. Así, se erigen a sí mismos como sus portavoces, aunque nadie se lo haya pedido e, incluso, aunque les pidan que dejen de hacerlo.
El esperpento creado llega hasta el punto de que la Asociación 11M Afectados del Terrorismo tuvo que emitir un comunicado criticando la polémica creada por la manifestación: “Nunca se nos ocurriría pedir que pararan el futbol, o ni siquiera que guardaran ese día un segundo de respeto y memoria, por la misma razón no entraremos al juego maniqueo de deslegitimar a los sindicatos.”
Es más, hoy su presidenta Pilar Manjón ha acudido a un acto en homenaje de las víctimas organizado por UGT, CCOO y la Unión de Actores-sí, los sindicatos también homenajean a las víctimas-en el que ha dejado claro cuál es su opinión acerca de sus presuntos defensores.
Tal es la desfachatez de los políticos que nos gobiernan que, al mismo tiempo que critican que se convoque una manifestación el 11 de marzo, no desaprovechan este día para participan en actos políticos de campaña. El mejor ejemplo es la secretaria general del PP y presidenta de Castilla la Mancha, Mª Dolores de Cospedal. Atención a su particular forma de homenajear a las víctimas del 11M.
Esta interpretación retórica es toda una muestra de que la falsedad y la hipocresía sirven para llegar muy lejos en política.
La mejor forma de homenajear a las víctimas sería respetar su dolor y dejar de utilizar de forma repugnante la muerte de seres humanos con fines partidistas. Sin embargo, la derecha española no ha dejado de servirse de un tema tan sentimental como el terrorismo, ya sea etarra o yihadista, para manipular a la opinión pública y legitimar su poder.
¿Por qué cada vez que la ciudadanía se comporta como tal y sale a la calle para reclamar sus derechos se intenta manipular la realidad? ¿Es que a determenidas esferas de poder no les interesa que la gente tome conciencia de su situación y se rebele?
Eso parece. No hay más que analizar la reacción que la derecha española tiene de manera automática ante cualquier manifestación popular, ya sea para protestar por recortes en servicios básicos o por la brutal represión que sigue las protestas.
Una vez que no se puede negar la salida a la calle de los ciudadanos hartos del sistema, tanto el Partido Popular como los medios de comunicación afines han optado por la táctica de atribuir las protestas al PSOE.
Así, a la vez que les sirve para asociar a los “socialistas”(ojalá lo fueran realmente) a los sucesos violentos aislados que han tenido lugar, pretenden que no impregne en la sociedad la idea de la libertad de pensamiento y de expresión al margen de los grandes partidos políticos y sus maquinarias mediáticas.
El objetivo es que la opinión pública no crea en la autonomía de movimientos cívicos independientes, utilizando la manipulación informativa a base de repetir mensajes falsos.
Esta táctica se está llevando a cabo de forma nada disimulada, como muestran las portadas de hoy 1 de marzo de los diarios ABC y La Razón, a medio camino entre la desfachatez y el ridículo. Como hay quien lo financia se lo pueden permitir…
Políticos como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, o el nuevo vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, tampoco han tardado en poner en práctica las directrices de Génova, y han señalado al PSOE como el culpable de agitar la calle. Floriano también ha criticado a RTVE por su forma de cubrir las manifestaciones, en un alegato poco menos que a la censura. Cómo echan de menos algunos a Urdaci…
A pesar de que se intente construir una realidad paralela, desprestigiando cualquier movimiento cívico alternativo, la voz de la calle es autónoma. Es el pueblo el que intenta, a pesar a las enormes dificultades por la gran capacidad manipuladora del sistema económico-político-mediático, manifestar sus propias reivindicaciones al margen de las élites políticas, incapaces de satisfacer sus demandas.
El diario Público ha cerrado su publicación escrita por la falta de inversores. Esta noticia supone el fin del único periódico de gran tirada a nivel nacional de ideología claramente de izquierdas, si bien mantien su edición digital.
Esto abre el debate en torno a la libertad de expresión en las democracias capitalistas. La realidad es que la capacidad de transmitir la información a gran escala es directamente proporcional a la fuerza económica del potencial transmisor; con lo cual, la libertad propia de la democracia se convierte en una libertad teórica, que en la práctica sólo tienen los grandes emporios empresariales capaces de acumular grandes capitales.
¿Qué ocurre con esto? Que casualmente los que disponen del potencial económico suelen ser los grupos de derechas. Esto se ve reflejado en el panorama mediático español más que en cualquier otra democracia europea. Así, la mayoría de la prensa de este país difunde una ideología conservadora, destinada únicamente a mantener el equilibrio de poder, que en realidad no es más que un desequilibrio a su favor.
La misma situación que se da en la prensa se da en la radio y en la televisión, donde la TDT está inundada de medios ultraderechistas y las cadenas más progresistas han sido absorbidas por grupos más poderosos económicamente, como ocurrió con Cuatro y LaSexta.
Como resultado de la supeditación del mundo mediático al mundo económico, algo que también le ocurre al mundo político, se da la casi total dominción de la comunicación, y por tanto, de los marcos discursivos de la población por parte de los círculos de poder que dominan a las clases trabajadoras. Ejemplo de ello es la inmediata criminalización de cualquier protesta cívica (como los movimientos 15M o los estudiantiles de Valencia) que se produce de forma sistemática en los medios.
La única vía que queda para discursos alternativos a los mayoritarios (en su alcance aunque no en su origen) es Internet, que todavia no tiene alcance global en la sociedad. Esto condiciona el pensamiento de la sociedad en particular y de los ciudadanos en particular desde la infancia.
En el siguiente enlace, el escritor y economista Jose Luis Sampedro denuncia esta manipulación de las mentes, señalando la diferencia existente entre la libertad de expresión y la de pensamiento, sin la cual la primera no tiene ningún valor. http://www.lasexta.com/media/swf/players/sextaon/player.swf