A Dios rogando…

Hace unas semanas, el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, se mostraba convencido de que “Santa Teresa de Jesús intercede por España en estos tiempos recios para nuestra patria”. Poco después, los antidisturbios a sus órdenes agredieron a un grupo pacífico de manifestantes en Valladolid, provocando un ictus a una mujer. Por si esto no fuera lo suficientemente grave, todo parece indicar que la Guardia Civil ha empujado a la muerte a un grupo de subsaharianos que se disponían a pasar a Ceuta a nado desde Marruecos al disparar pelotas de goma cuando estaban en el agua, algo que el mismo director general de la Benemérita calificó como inhumano cuando negaba que dicha actuación se hubiera producido. Nadie ha dimitido por estos actos ni por las constantes mentiras que se han utilizado para taparlos.

jorgefernandezdiaz
Estos hechos, que prácticamente pasan desapercibidos para los medios de comunicación que tanto dicen defender el derecho a la vida, forman parte de la política habitual del Ministerio, consistente en la violación sistemática de los derechos humanos. Por desgracia, a Fernández Díaz, su fervor religioso no le impide usar la violencia con total impunidad para reprimir las protestas de la ciudadanía o para desahuciar a la gente. Por no olvidar su defensa de las cuchillas en Melilla. Debe ser que para los pobres o los inmigrantes no hay caridad cristiana, o que su vida no vale tanto como la de los embriones.

Fernández Díaz no es un caso aislado, el Gobierno del PP encarna una especie de neonacionalcatolicismo, con varios ministros muy próximos al Opus Dei que dan la espalda a los más desfavorecidos para proteger a los poderosos. Es la hipocresía de los que presumen de defender los valores del cristianismo pero son totalmente insensibles a la pobreza y al sufrimiento ajeno. Se trata de un grupo de millonarios que usan la religión para tratar de legitimarse y mantener su posición de privilegio, para lo cual no dudan en imponer la moral fundamentalista que promueve la jerarquía de la Conferencia Episcopal (igual de alejada de los problemas de la gente) al resto de la sociedad. La reforma de la ley del aborto es el mejor ejemplo de ello.

Aunque la derecha, con la ayuda inestimable de los medios de comunicación de la Iglesia, se intenta apropiar del voto cristiano, hay muchos miembros del clero, por desgracia los menos poderosos, que están del lado de la gente común y denuncian los crímenes que produce el sistema económico que sufrimos, así como muchos cristianos de base que desprecian las políticas antisociales del PP. Incluso el Papa Francisco ha denunciado públicamente los excesos del neoliberalismo que aplica el Ejecutivo de Rajoy: “Así como el mandamiento de no matar pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata”.

A pesar de ello, los mismos que defienden el capitalismo salvaje y violan los derechos fundamentales de la ciudadanía mientras cobran unos sueldos, en blanco o en negro, muy por encima de la media de los españoles, son los que presumen de defender la moral católica. No parece que recortar en sanidad y educación, gastar millones de euros en armamento, bajar los impuestos a las grandes fortunas, subir el transporte público y las tasas universitarias o multar a los mendigos por buscar comida en la basura sean medidas muy cristianas.

Desde luego, pocas cosas hay más indignantes que escuchar a un político encomendarse a lo sobrenatural para resolver los problemas de los ciudadanos. Además de Fernández Díaz con Santa Teresa, otro ejemplo lo vivimos con Fátima Báñez, que confió a la virgen del Rocío la salida de la crisis. Como si el empleo fuera a caer del cielo por inspiración divina. Con gobernantes así, en España parece que no queda otra que esperar un milagro para que mejore la vida de la gente, al menos en lo que queda de legislatura.

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Una respuesta to “A Dios rogando…”

  1. Leones del Congreso | Demasiadas palabras Says:

    […] la Constitución. Ese día, en el Congreso, el negocio enmudeció a la justicia. Mucho Opus, muchas medallas y golpes de pecho pero, cuando tienen que decidir entre las víctimas y sus verdugos, los […]

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